Tengo compañera de viaje. Dani saltó de Colombia a México para hacerme la pata. La pata sucia. Dani ama andar descalza. Dani no es Juli, pero tiene ese temperamento artístico. Es emocional. También tiene la edad de Juli, pero no la siento como a una hija. Es un ser especial, y yo trato de protejer a los seres especiales. Son escasos y la esperanza para esta humanidad inhumanizante. Dani está dispuesta a desandar su camino desde la Argentina conmigo. No es poco. Es todo. Y ella quiere llegar a San Francisco...
Partimos al sur desde Puebla. Ella quiere conocer lugares mayas. Así dibujo nuestro viaje al sur. La primer ruina está cerrada. La segunda también. Son pequeñas. Seguimos viaje. La tercera es Kabah, ya más importante. Dani mira desde afuera y dice no. La cuarta es Uxmal. Nos dicen los precios en el parking nomás y Dani dice no. "Dónde hay una gran pirámide que yo pueda subir?"
Chichen Itzá, la más importante de México. Allá vamos y llegamos. Temprano y frescos, listos para pasar el día allí. No sé cómo voy a hacer. Todavía no he caminado más de un km seguido...
Antes de entrar interrogamos a un guía. Ya no se puede subir a la gran pirámide gracias a la depredación de los turistas. Un quiosco vende souvenirs con fecha adelantada: 2012. Los mayas no pudieron predecir su propio derrumbe, y hay boludos por ahí esperando fin del mundo. El mundo muere cada día, desde y para siempre. Mientras Dani le dice no a Chichen Itzá...
Y yo? Qué hago aquí? Por qué me dejo llevar por sus caprichos? Hace un par de semanas estaba dispuesto a claudicar mi viaje, volver a Phoenix o Flagstaff y dejar la Julia ahí, tan lejos de La Malfatta. Una mañana Adri, el hermano de Marc, me contó un sueño extraño. Casi exacto a un cuento que escribí para Juli cuando volvimos de Yucatán maya. A veces los mensajes no vienen en propios sueños. Luego vino Dani y ya, estoy en camino al sur de nuevo. Admiro su coraje para decirle no a Chichen. El guía nos dice que en Ek Balam se puede subir.
Ek Balam. Dani desparece adelante mío. Camino lento. Llego. Recorro indiferente las ruinas. Al final hay un gran edificio con una escalinata imposible para mí. Es un complejo habitacional en altos. Hay casas. Buenas piernas, los mayas, para subir a diario esa escalinata interminable. Y bajar, lo más difícil. Me acomodo a la sombra a mirar. El cuerpo y la voluntad no me dan para más. Y aparece la puta águila. Y comienza a volar alrededor del edificio. "No voy a subir! Ni lo sueñes!"
Desaparece detrás del edificio. Y vuelve a aparecer. Será que quiere que de la vuelta alrededor del edificio? De pronto las hormigas que se juntaron alrededor de mis pies quietos empiezan a morderme. Debo moverme. Los dados confirman. Allá voy. El águila desparece. Algo alguien me aguarda detrás de la gran ruina.
Las historias y personajes aquí contados son ficticios. Cualquier parecido con la realidad... es exclusiva responsbilidad de la realidad.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Incontables cuentos. El Séptimo.
Paciencia. En un grupo gestáltico dije espontáneamente "tortuga". Luego la consigna fué que cada uno tenía que representar a su animal por media hora. Media hora es como tres para una tortuga encerrada en un cuarto lleno de chimpancés, gatos, elefantes, perros, leones y demás bichaje. Ahí empecé a entender qué es eso de la paciencia. Es estoica por donde la mires.
Paciencia. En Puerto Escondido vi a una macho tortugo tratando de subirse a una tortuga fértil y flotante en un mar Pacífico y bravo. Sexo y paciencia. Mmm, por qué no?
Paciencia. Al salir de Uxmal se cruzó volando una pava (uno de los signos típicos de Juli), luego casi piso una tortuga y de inmediato esquivo una araña. La araña es la muerte pero es el destino. William llamaba a la muerte destiny. O sea, Juli dice que sea paciente, que es mi destino. Paciente con Dani, supongo. Todo está bien y asi llegamos a Ek Balam.
Paciencia. La vuelta a la gran ruina tendrá más de medio kilómetro. A pierna y media hago medio kilómetro por hora. O sea...
Mariposas. Yucatán está llena de mariposas. Al comenzar la vuelta encuentro una decena de pequeñas mariposas negras que se levantan alrededor mío a mi penoso paso. El lateral del edificio es pura piedra empinada. Algo verde se mueve. Es un gecko, una lagartija verde como mi alma. Es un llamado. Unos pasos más allá, una gran iguana gris se para a pocos metros y me mira. Es un lagarto, un dinosaurio, un dragón. Son símbolos equivalentes. Le canto la música de Jurasic Park. Con Juli nos corríamos por la casa moviendo los brazos simulando mandíbulas de dinosaurio. La iguanasaurio me guiña un ojo. Yo lloro.
Ahora estoy detrás del edificio, que por detrás no es edificio, es selva y rocas salvajes. El frente es escenográfico. La verdad maya será ésta? Espero encontrar cualquier bicho ahora. Esto es selva, qué joder. Una serpiente? Un puma? Nada.
Una mariposa bella y grande y corajuda se acerca y me toca el codo izquierdo. Mi codo izquierdo.
El mismo codo izquierdo que me lastimé cuando me desplomé en el suelo al escuchar en el celu, "Su hija falleció, señor".
El mismo codo izquierdo que me lastimé cuando me caí con la moto. La herida tenía la exacta figura de mis iniciales, IP, que en latín son las de Juli, JP.
La mariposa me besó el codo izquierdo. No sé. Me siento bien.
Paciencia. En Puerto Escondido vi a una macho tortugo tratando de subirse a una tortuga fértil y flotante en un mar Pacífico y bravo. Sexo y paciencia. Mmm, por qué no?
Paciencia. Al salir de Uxmal se cruzó volando una pava (uno de los signos típicos de Juli), luego casi piso una tortuga y de inmediato esquivo una araña. La araña es la muerte pero es el destino. William llamaba a la muerte destiny. O sea, Juli dice que sea paciente, que es mi destino. Paciente con Dani, supongo. Todo está bien y asi llegamos a Ek Balam.
Paciencia. La vuelta a la gran ruina tendrá más de medio kilómetro. A pierna y media hago medio kilómetro por hora. O sea...
Mariposas. Yucatán está llena de mariposas. Al comenzar la vuelta encuentro una decena de pequeñas mariposas negras que se levantan alrededor mío a mi penoso paso. El lateral del edificio es pura piedra empinada. Algo verde se mueve. Es un gecko, una lagartija verde como mi alma. Es un llamado. Unos pasos más allá, una gran iguana gris se para a pocos metros y me mira. Es un lagarto, un dinosaurio, un dragón. Son símbolos equivalentes. Le canto la música de Jurasic Park. Con Juli nos corríamos por la casa moviendo los brazos simulando mandíbulas de dinosaurio. La iguanasaurio me guiña un ojo. Yo lloro.
Ahora estoy detrás del edificio, que por detrás no es edificio, es selva y rocas salvajes. El frente es escenográfico. La verdad maya será ésta? Espero encontrar cualquier bicho ahora. Esto es selva, qué joder. Una serpiente? Un puma? Nada.
Una mariposa bella y grande y corajuda se acerca y me toca el codo izquierdo. Mi codo izquierdo.
El mismo codo izquierdo que me lastimé cuando me desplomé en el suelo al escuchar en el celu, "Su hija falleció, señor".
El mismo codo izquierdo que me lastimé cuando me caí con la moto. La herida tenía la exacta figura de mis iniciales, IP, que en latín son las de Juli, JP.
La mariposa me besó el codo izquierdo. No sé. Me siento bien.
Incontables Cuentos. El Octavo.
La Reserva Hopi. Dentro de la Reserva Diné. La primera vez fuí a acampar al desierto invitado por un Jerry. Esperaba tener una experiencia mística y sólo me cagué de frío con la luna para variar riéndose de mí. En el Centro Cultural una Hopi me preguntó adónde vas. "No sé". Quedate, me dijo. Nos invitaron a una ceremonia de kachinas. Creí que era otro evento turístico, pero no, éramos los únicos blanquitos. Otro día te cuento ésto.
Las kachinas son espíritus de la naturaleza, como Pan, la versión griega de Aión, el precursor del culto a Jesús. Ves? Todo está relacionado. Aunque me cuesta ver en el Cristianismo un amor por la naturaleza como lo tienen los Hopis, como lo tienen los nativos originales de las Américas. Aquí aceptaron al Jesús por la idea de sacrificio. El individuo se sacrifica por su sociedad. Una idea que no pega en el individualismo de masas rampante. Me fuí de tema.
A mi kachina, el espíritu que me guía, la encontré por azar. Es Paqua, la rana. Es el Espíritu de la Lluvia. Bien poderoso en el desierto. A la de Juli la busqué mucho tiempo, buscaba una mariposa, pero no encontré una que me hiciera vibrar. Debe ser un espíritu importante, tiene su propia ceremonia anual. Pocas la tienen. Ni idea de qué representa la mariposa para los Hopis. Ni de qué se trata la ceremonia. Seguramente los que representan la ceremonia se disfrazan de mariposas. Cuesta imaginarlo. Cientos de Hopis disfrazados de mariposa danzando por horas y horas. Cuesta imaginarlo.
Fuí al Centro Hopi como guía de un grupo de 9 peronas que me pidieron pasar la noche en Monument Valley, en la Reserva Diné. Paramos en el Centro Hopi como parte del tour. Busqué nuevamente la mariposa allí. Nada que me moviera un pelo. Salí al parking y vi a un Hopi vendiendo cacharros y artesanías. Me acerqué y la vi. Una mariposa de madera delgada, grande, con un hueco donde calzar la cabeza. Una máscara de la ceremonia de la kachina mariposa. Celeste. Sin dudas, la compro. Estoy feliz. La encontré.
Fumamos y charlamos con el Hopi. Le pregunto, al pasar, cuál es el siginificado de la ceremonia de la mariposa.
Me mira inexpresivo y me pregunta: "Usted tiene una hija?"
Congelo. Nos miramos ojo a ojo. El, suave, inexpresivo. Digo: "Está muerta".
Su mirada no cambia. Yo bajo la mía. Los dos sabemos que mentí.
Las kachinas son espíritus de la naturaleza, como Pan, la versión griega de Aión, el precursor del culto a Jesús. Ves? Todo está relacionado. Aunque me cuesta ver en el Cristianismo un amor por la naturaleza como lo tienen los Hopis, como lo tienen los nativos originales de las Américas. Aquí aceptaron al Jesús por la idea de sacrificio. El individuo se sacrifica por su sociedad. Una idea que no pega en el individualismo de masas rampante. Me fuí de tema.
A mi kachina, el espíritu que me guía, la encontré por azar. Es Paqua, la rana. Es el Espíritu de la Lluvia. Bien poderoso en el desierto. A la de Juli la busqué mucho tiempo, buscaba una mariposa, pero no encontré una que me hiciera vibrar. Debe ser un espíritu importante, tiene su propia ceremonia anual. Pocas la tienen. Ni idea de qué representa la mariposa para los Hopis. Ni de qué se trata la ceremonia. Seguramente los que representan la ceremonia se disfrazan de mariposas. Cuesta imaginarlo. Cientos de Hopis disfrazados de mariposa danzando por horas y horas. Cuesta imaginarlo.
Fuí al Centro Hopi como guía de un grupo de 9 peronas que me pidieron pasar la noche en Monument Valley, en la Reserva Diné. Paramos en el Centro Hopi como parte del tour. Busqué nuevamente la mariposa allí. Nada que me moviera un pelo. Salí al parking y vi a un Hopi vendiendo cacharros y artesanías. Me acerqué y la vi. Una mariposa de madera delgada, grande, con un hueco donde calzar la cabeza. Una máscara de la ceremonia de la kachina mariposa. Celeste. Sin dudas, la compro. Estoy feliz. La encontré.
Fumamos y charlamos con el Hopi. Le pregunto, al pasar, cuál es el siginificado de la ceremonia de la mariposa.
Me mira inexpresivo y me pregunta: "Usted tiene una hija?"
Congelo. Nos miramos ojo a ojo. El, suave, inexpresivo. Digo: "Está muerta".
Su mirada no cambia. Yo bajo la mía. Los dos sabemos que mentí.
Incontables Cuentos. El Noveno.
Mi primer encuentro con Julieta fue como el último. Julieta nació muerta. La sacaron de la concha de Ale y la llevaron a una camita al fondo de la sala. Ale quedó atrás, y yo corrí a ver qué pasaba. El cuerpito sucio estaba morado y manchado. Julieta no respiraba. Ale preguntaba cómo estaba y yo contaba los segundos. Un tipo con un cañito de vidrio y una especie de enemita la convenció de empezar. Yo sólo contaba los segundos que hay entre el ser y la nada.
Los de Julieta fueron 16 por 365 por 24 por 60 por 60, más una yapa de tres meses y cinco días. En esa yapa están las tres semanas de vals que bailó con el papu porque nunca tuvo fiesta de quince. Zuli elgió a lo grande y París.
Yo sigo contando segundos, entre la nada y la eternidad.
El viaje casi no se hace porque el Gobierno Nacional cambió las fechas de las vacaciones de Juli. Ale y yo convencimos a la aerolínea de respetar el modo argentino. El gobierno insistió y cambió la ley y devaluó el poder de Juli para viajar. Con Ale hicimos una gambeta de amor en acción, ella conoció por fin los pasillos hartos de los ministerios; yo la tuve más grandiosa, me fui a Londres, donde sé que a pesar de argentinos, los consulados tienen sentido común. Je, Tenía que aspirar hondo y prepararme en mi ciudad querida; todos los encuentros sagrados necesitan de una ante cámara.
Doce horas de auto esquivando a la muerte para encontrar a una muerta son suficientes. Diría yo, si supiera si mi mujer sabía o no lo que yo ya sabía: que iba a pasar de largo de nuestro destino final, que iba a pasar lentamente frente a la mitad de un micro, dos veces, que iba a ver los cuerpos de todos y cada uno de los que sacaron el mismo número que Juli.
Cuando llegás te clasifican, a algunos padres los mandan para una sala, a nosotros nos mandan pal fondo. Todos sopechan, o saben, o, que sé yo, todos te miran y no saben qué decir. Es la mejor forma de decirlo. Quedaban tres alternativas, tres chances, tres números, tres Julietas viajaban juntas. No sé para que se molestan, si yo ya saqué que saqué la Grande.
Se olía tristeza y Ale estaba más presente por lo ausente. Yo buscaba argentinos adolescentes en Vancouver para Juli que adolescía de siempre de eso. Un chileno que es el que más hace por los argentinos de allá me pasó una data fácil, a dos cuadras de casa, ahí nomás, paisa y con niños. Levanté el fono sólo para darle antecedente sonoro a lo que sabía. Caminamos hasta esa casa, Juli se dejaba llevar por el papu y hasta acá habíamos llegado. La puerta se abrió y Julieta “¡Ah! Esta casa huele a Argentina!”
Me pregunto por qué la gente paga una entrada de cine para ver lo que yo ví. Ahí va, gratis.
Me llevaron a una casa al fondo del terreno del hospital. En el interior de la pobreza, cualquier cosa se transmuta por la necesidad, a esta casa la emparcharon en morgue y conoció la gloria el mismísimo día en que yo la conocí. La pobre se sentía un poco incómoda, se le notaba hasta en los pasillos. No se esperen que la muerte sea particularmente prolija, tiene mucho que hacer. Me dí cuenta de que los féretros están mal diseñados, ah, no, quise decir que hay un nicho, ja, un nicho de mercado en este Mercado de los muertos por accidente. Las piezas de mis rompecabezas que no sé dónde van tienen destino temporario en una cajita especial; ¿habrá una acá?
Yo fuí el único papparazi que estaba ahí cuando Julieta Posilovic recorrió pór primera vez el Louvre. El maestro de ceremonias se quedó plantado mirando a Julieta en su rutina de salirse de lo previsto. Se paró frente a tres jarrones antiguos y los fotografió. Se paró frente a algunas estatuas griegas, parece que los griegos tenían colas lindas porque Juli se quedó largo rato admirándolas. Encontró un símbolo nazi en el brazo de un estatua de arcilla de 5000 años y se dió cuenta de que a los símbolos los arruina la acción humana. Pero lo más notorio es que miraba más para arriba que alrededor. Yo tengo la exclusiva de Juli mirando los techos pintados de dioses paganos y ángeles cristianos y reyes franceses del Louvre. ¿Descubrió y unió su artista al significado de tanta imagen alegórica? ¿Entre tanta gorda desnuda se dió cuenta de que su mambo con la gordura era problema de la cultura? Y yo qué sé. Capaz que estaba mirando el folleto para su próximo viaje.
Si te puedo contar esto que vi debe ser porque yo no estaba ahí. Había once cajones con la boca abierta y mamá siempre dijo que eso era de mal gusto. Yo pasé y repasé inspección y dejaré para otro momento castigar el desaliño de esta tropa. De momentos me sentí mal padre por no poder reconocer a mi propia hija. Tuve que quedarme más tiempo en los casos más dificiles: a algunos los rechacé por la ropa. Los notarios estaban listos para escuchar mi palabra y yo volví sobre la última duda y dije: "No estoy seguro". Alguien me puso un cero. "Ese es un varón, señor".
Mi último encuentro con Juli no fue como el primero. No por eso dejó de darme una alegría, el cuerpo de Julieta era Julieta menos su alma. Salí y le di a Ale la noticia que esperaba desde hacía 16 por 365 por 24 por 60 por 60 más la yapa. ¡Silencio!
The weight of these sad times we must obey,
speak what we feel, not what we ought to say.
The rest is silence.
viernes, 22 de julio de 2011
La Princesa y el Asesino.
Huimos del calor de La Paz. Cuarenta grados y ochenta de humedad. A la noche sin aire acondicionado le pongo agua a mi cuerpo y me tiro mojado a la cama. El refresco dura un refresco y vuelta a pasar los huevos y el resto por agua. Mi humor empeora y ya no ando en bici, ni nado en esa sopa que ahora es el Mar de Cortés, ni nada. Huimos de La Paz. La Internet dice que el único lugar fresco en Baja California Sur es Bahía de Tortugas, donde la máxima equivale a la mínima en La Paz. La Paz os doy, yo me rajo a Tortugas.
Son setecientos kilómetros, a mitad de camino palmo y busco un lugar para pasar la noche. Encuentro un hotel con su playita. Todavía Mar de Cortés, todavía calor insufrible, pero estoy cansado. El hotel está desierto. Encontramos a los dueños y hacemos un arreglo por la noche, pero no hay aire acondicionado. Otra vez sopa (de Cortés). Nos invitan a cenar y charlando charlando conocemos a los anfitriones, Beti y Edy.
Beti puede que sea sesentona coqueta o cuarentona desgastada, pelo rubio Preference, muy tostada, bajita, tanga que cuelga de un culo que da lástima. Botox aplicado con generosidad, las cejas trazadas con lápiz bordó. Edy cuarentón, morocho bigote mexicano, lampiño, sonrisa blanca y permanente. Buen lomo, cuidado.
Beti es hermana de un tipo de guita en Tijuana. Se vinieron a vivir al hotel de su hermano después que pasó lo que pasó hace dos años.
Hace tiempo que no veo informativos ni creo lo que me dicen que dicen los medios, y esta es la primera vez que tengo info de primera mano. Paso a relatar.
Beti target de secuestro pero los guardaespaldas no le duraban. Se sabe, fiestera es, al cabo se cansaba de ellos y que pase el que sigue. En una cae Edi, y con éste sí, hay amor y lleva años. A Beti le sigue gustando la noche y una noche en un bar, mientras Edi se fue a hacer pis, a Beti le dicen que afuera tiene un llamado del doctor del Botox, ridículo señuelo que ella muerde, asoma la cabeza y recibe tremenda piña y paseo apresurado en brazos de secuestradores. Edy se da cuenta de que algo pasa, corta el chorro y sale, supongo que con la bragueta abierta, al rescate de su amada. La rescata, desmayada pero salva. A los malandras los salva también de todo proceso jurídico. Los limpia, los despena, bah, los mata a todos. La muerte es el negocio de Edy y él es impecable.
La muerte es la reina de Tijuana. Nos cuentan de balaceras y asesinatos cotidianos. De primera mano, vistos con los ojos de mis anfitriones. Por dinero, por drogas, por una mina, porque es así. "La vida no vale nada, no vale nada la vida". Los aztecas creían que no importaba cómo vivieras, pero sí cómo murieras. Para cada tipo de muerte tenían su paraíso/infierno específico. Los mexicanos han ampliado notablemente la cantidad de ámbitos post-mortem.
Me voy a dormir con cierta inquietud y un montón de calor. No hay ducha que me enfríe, da lo mismo la de la derecha o la de la izquierda, ambas salen calientes.
Me subo a la Julia, la pongo contra la orilla del mar, aire acondicionado bajito con motor encendido, música suave y puede que mañana tenga batería, puede que no. Puede que el motor se recaliente, como puede que no. Puede que esta noche vengan a secuestrar a Beti o a ajustar cuentas con Edy, pero puede que no y yo ya no doy más del sueño y mañana no es ahora. La Julia está fresquita y me arrulla con una canción de Juli: Io con te, partiró... ¿Qué muerte me espera? La que yo espero es la que me lleve a unirme a ella. Per secula seculorum.
Son setecientos kilómetros, a mitad de camino palmo y busco un lugar para pasar la noche. Encuentro un hotel con su playita. Todavía Mar de Cortés, todavía calor insufrible, pero estoy cansado. El hotel está desierto. Encontramos a los dueños y hacemos un arreglo por la noche, pero no hay aire acondicionado. Otra vez sopa (de Cortés). Nos invitan a cenar y charlando charlando conocemos a los anfitriones, Beti y Edy.
Beti puede que sea sesentona coqueta o cuarentona desgastada, pelo rubio Preference, muy tostada, bajita, tanga que cuelga de un culo que da lástima. Botox aplicado con generosidad, las cejas trazadas con lápiz bordó. Edy cuarentón, morocho bigote mexicano, lampiño, sonrisa blanca y permanente. Buen lomo, cuidado.
Beti es hermana de un tipo de guita en Tijuana. Se vinieron a vivir al hotel de su hermano después que pasó lo que pasó hace dos años.
Hace tiempo que no veo informativos ni creo lo que me dicen que dicen los medios, y esta es la primera vez que tengo info de primera mano. Paso a relatar.
Beti target de secuestro pero los guardaespaldas no le duraban. Se sabe, fiestera es, al cabo se cansaba de ellos y que pase el que sigue. En una cae Edi, y con éste sí, hay amor y lleva años. A Beti le sigue gustando la noche y una noche en un bar, mientras Edi se fue a hacer pis, a Beti le dicen que afuera tiene un llamado del doctor del Botox, ridículo señuelo que ella muerde, asoma la cabeza y recibe tremenda piña y paseo apresurado en brazos de secuestradores. Edy se da cuenta de que algo pasa, corta el chorro y sale, supongo que con la bragueta abierta, al rescate de su amada. La rescata, desmayada pero salva. A los malandras los salva también de todo proceso jurídico. Los limpia, los despena, bah, los mata a todos. La muerte es el negocio de Edy y él es impecable.
La muerte es la reina de Tijuana. Nos cuentan de balaceras y asesinatos cotidianos. De primera mano, vistos con los ojos de mis anfitriones. Por dinero, por drogas, por una mina, porque es así. "La vida no vale nada, no vale nada la vida". Los aztecas creían que no importaba cómo vivieras, pero sí cómo murieras. Para cada tipo de muerte tenían su paraíso/infierno específico. Los mexicanos han ampliado notablemente la cantidad de ámbitos post-mortem.
Me voy a dormir con cierta inquietud y un montón de calor. No hay ducha que me enfríe, da lo mismo la de la derecha o la de la izquierda, ambas salen calientes.
Me subo a la Julia, la pongo contra la orilla del mar, aire acondicionado bajito con motor encendido, música suave y puede que mañana tenga batería, puede que no. Puede que el motor se recaliente, como puede que no. Puede que esta noche vengan a secuestrar a Beti o a ajustar cuentas con Edy, pero puede que no y yo ya no doy más del sueño y mañana no es ahora. La Julia está fresquita y me arrulla con una canción de Juli: Io con te, partiró... ¿Qué muerte me espera? La que yo espero es la que me lleve a unirme a ella. Per secula seculorum.
jueves, 21 de julio de 2011
La Princesa y el Asesino. (Segunda parte).
Sale el sol, rituales matinales y los buenos días de Edy. Nos sentamos junto al mar a tomar mate. El durmió en la playa. A veces, cuando no soporta el calor, duerme en una colchoneta medio inflada, en el agua.
Edy fue echado de casa por su padrastro a los seis años. Su padre ya lo había abandonado antes, nunca más supo de él. Chico de la calle, drogón, dealer. Sin embargo estudió y entró en el Ejército y eso cambió su vida. Se volvió hombre de confianza de un general que lo utilizaba para limpiar malhechores. A veces, policías corruptos. Nunca mujeres ni niños. Sentís algo cuando matás? No. Conocés la historia del samurai que dedicó 10 años a buscar a un hombre para matarlo? No. Bueno, cuando lo encuentra y lo acorrala, saca su espada y en el momento final el otro lo escupe, y el samurai se pone rojo de ira, guarda la espada y se va. Sabés por qué? No. Porque un samurai no puede matar con ira. Tiene que estar calmo. Edy sonríe y asiente. Asesino es una palabra griega, me dice. Es el profesional de la muerte. Hay quien mata por pasiones, por dinero, por pura crueldad. Los asesinos venimos al mundo a matar la escoria. Somos parte de un plan. Yo recibí un balazo en la cabeza y sobreviví. También tengo otros balazos y cuchilladas. Y sigo vivo. Creo que Dios tiene planes para mí. Yo mato a los malos. Y también trabajo para que este México que quiero tanto sea mejor. Estoy organizando acciones ciudadanas directas, organizando comunas calle por calle. Ya logramos que se trate una ley para obligar a los corruptos a que gasten lo que roban aquí en México y no afuera. Y otra para que en lugar de poner a los narcos en la prisión, donde la pasan bomba con nuestro dinero, los pongamos a trabajar para la sociedad con un brazalete electrónico, no para localizarlos, sino directamente una bomba que explota cuando el preso se sale de los límites que se le fijan. También tenemos una propuesta para que la droga que se decomisa, en lugar de quemarse se venda a Suiza, a los laboratorios. Ya logré aquí en mi pueblo que se me diera la basura, y con el dinero del reciclaje instalamos cloacas para todos y salvamos al río.
Hace rato que vengo preguntándome adónde se fueron nuestros héroes. Y ante Edy, un asesino, ex-mano de obra del Estado, revolucionario de base, me inclino. El poder le teme. Incluso lo pusieron entre los más buscados por narco. Logró limpiar su nombre gracias al viejo general. Y sigue. Y no va a parar hasta que lo paren.
Edy fue echado de casa por su padrastro a los seis años. Su padre ya lo había abandonado antes, nunca más supo de él. Chico de la calle, drogón, dealer. Sin embargo estudió y entró en el Ejército y eso cambió su vida. Se volvió hombre de confianza de un general que lo utilizaba para limpiar malhechores. A veces, policías corruptos. Nunca mujeres ni niños. Sentís algo cuando matás? No. Conocés la historia del samurai que dedicó 10 años a buscar a un hombre para matarlo? No. Bueno, cuando lo encuentra y lo acorrala, saca su espada y en el momento final el otro lo escupe, y el samurai se pone rojo de ira, guarda la espada y se va. Sabés por qué? No. Porque un samurai no puede matar con ira. Tiene que estar calmo. Edy sonríe y asiente. Asesino es una palabra griega, me dice. Es el profesional de la muerte. Hay quien mata por pasiones, por dinero, por pura crueldad. Los asesinos venimos al mundo a matar la escoria. Somos parte de un plan. Yo recibí un balazo en la cabeza y sobreviví. También tengo otros balazos y cuchilladas. Y sigo vivo. Creo que Dios tiene planes para mí. Yo mato a los malos. Y también trabajo para que este México que quiero tanto sea mejor. Estoy organizando acciones ciudadanas directas, organizando comunas calle por calle. Ya logramos que se trate una ley para obligar a los corruptos a que gasten lo que roban aquí en México y no afuera. Y otra para que en lugar de poner a los narcos en la prisión, donde la pasan bomba con nuestro dinero, los pongamos a trabajar para la sociedad con un brazalete electrónico, no para localizarlos, sino directamente una bomba que explota cuando el preso se sale de los límites que se le fijan. También tenemos una propuesta para que la droga que se decomisa, en lugar de quemarse se venda a Suiza, a los laboratorios. Ya logré aquí en mi pueblo que se me diera la basura, y con el dinero del reciclaje instalamos cloacas para todos y salvamos al río.
Hace rato que vengo preguntándome adónde se fueron nuestros héroes. Y ante Edy, un asesino, ex-mano de obra del Estado, revolucionario de base, me inclino. El poder le teme. Incluso lo pusieron entre los más buscados por narco. Logró limpiar su nombre gracias al viejo general. Y sigue. Y no va a parar hasta que lo paren.
miércoles, 20 de julio de 2011
La Princesa y el Asesino. (Tercera parte).
El Diario de un Soñador. Así se llama el libro que está escribiendo Edy. Le pido que me lo muestre y se le encienden los ojos de niño. Trae una pila de cuadernos, hojas sueltas y hasta un rollo de varios metros, todos a pulso por él. Ahí están sus experiencias, sus sueños, sus ideas políticas. Escribe y escribe un testamento que sólo tendrá algún valor cuando lo maten. Los aztecas creen que no importa como vivas, sino como mueres. A cada muerte le corresponde un distinto paraíso, no sé de infiernos aztecas. Quizá es éste nuestro infierno. Quizá, como me dijo un rabino ortodoxo, los muertos somos nosotros. No puedo pensar en una muerte tranquila y vieja para Edy. Es un héroe, y los héroes van hacia la muerte a sabiendas y con coraje. Como lo supo Jesús, como lo dijo Martín Luther King, como más de un terrorista, como el Che, como nos dijo Julieta una semana antes de morir: "Sé que me juego la vida, pero tengo que hacer lo que tengo que hacer". Nosotros, los cobardes, hablamos, opinamos, tomamos partido. Pero quién está dispuesto a poner la vida en juego en ello? Pocos, muy pocos. Los héroes.
En medio de los escritos del soñador encuentro una carta de amor. De amor a Beti. Este hombre que habla con el corazón me llena el corazón con su amor. La noche anterior a solas Beti me dijo que se iba sola a Grecia a conseguirse un griego. Quizá sea lo mejor. Detrás de un gran hombre siempre encuentro a una gran mujer que no luce pero sostiene. A Beti sólo le interesa la noche, el alcohol, la droga y la fiesta.
Al partir, Edy me regala un buen mapa, casualidad (?) que abarca exclusivamente el área entre La Paz y Tortugas. Y un bastón tallado, creo que chino. Ahora tengo un bastón diné y uno chino. Hace mucho tiempo, los Registros Akáshicos me dijeron que fuí nativo de Norteamérica y también chino en pasadas vidas. Será que estos bastones volvieron a mí? Al partir, quiero darle algo a Edy. Algo de mi propia heroína. Veo la llamita jujeña de Juli y los dados asienten. La llama que llama. Que llama a la muerte. Esto es de Juli, te deseo Edy una buena muerte y que cuando te llame, te reciba Juli con su Gioconda sonrisa.
En medio de los escritos del soñador encuentro una carta de amor. De amor a Beti. Este hombre que habla con el corazón me llena el corazón con su amor. La noche anterior a solas Beti me dijo que se iba sola a Grecia a conseguirse un griego. Quizá sea lo mejor. Detrás de un gran hombre siempre encuentro a una gran mujer que no luce pero sostiene. A Beti sólo le interesa la noche, el alcohol, la droga y la fiesta.
Al partir, Edy me regala un buen mapa, casualidad (?) que abarca exclusivamente el área entre La Paz y Tortugas. Y un bastón tallado, creo que chino. Ahora tengo un bastón diné y uno chino. Hace mucho tiempo, los Registros Akáshicos me dijeron que fuí nativo de Norteamérica y también chino en pasadas vidas. Será que estos bastones volvieron a mí? Al partir, quiero darle algo a Edy. Algo de mi propia heroína. Veo la llamita jujeña de Juli y los dados asienten. La llama que llama. Que llama a la muerte. Esto es de Juli, te deseo Edy una buena muerte y que cuando te llame, te reciba Juli con su Gioconda sonrisa.
martes, 19 de julio de 2011
La Princesa y el Asesino. (Maldito Epílogo).
Vuelta de Bahía Tortugas a La Paz. Paro de vuelta en lo de Beti y Edy. Todo igual o parecido, pero esta vez me concentro en Beti. Y charlamos. Y escucho. Y entiendo. Y me pongo triste, triste.
Que Edy es alcohólico. Bueno, sí, lo sabía.
Que Edy es adicto al crystal meth. Ugh, feo.
Que Edy se gasta todo en eso. Y, bueno, supongo.
Que una hija de 17 acaba de parir y él ni va. Hum, esto ya me pone cabrón.
Que la otra hija perdió el año de Uni por falta de dinero, que él se gasta en vicio. Edy, la puta madre que te parió.
Que Edy encontró a Beti desmayada en la puerta del bar aquella noche y que no mató a nadie. Gracias, ahora me siento un boludo.
Que casi todo lo que cuenta es pura fantasía. Y esa es mi info de primera mano. Mierda!
No soy cronista, soy escritor. El blog se llama "Qué es que sé?", y la respuesta es, claro, "Nada". Pero créame, créeme, creedme, me siento mal de haber comprado a Edy como héroe. El "Diario de un Soñador", es real, sí, le debo a Edy contagiarme de una ilusión de unos días.
Por la mañana ya está borracho y no para de hablar. Me dice que quiere venir a La Malfatta a trabajar. Me dice de sus ideas para arreglar México, el mundo.
Le digo: "A nadie vas a ayudar vos, si ni siquiera ayudás a tu hijas. Te odio Edy. Yo perdí a Juli y vos arruinás la vida que creaste. Te odio".
Adiós Edy. No te deseo la muerte. Seguí soñando y sobreviviendo tu infierno.
Que Edy es alcohólico. Bueno, sí, lo sabía.
Que Edy es adicto al crystal meth. Ugh, feo.
Que Edy se gasta todo en eso. Y, bueno, supongo.
Que una hija de 17 acaba de parir y él ni va. Hum, esto ya me pone cabrón.
Que la otra hija perdió el año de Uni por falta de dinero, que él se gasta en vicio. Edy, la puta madre que te parió.
Que Edy encontró a Beti desmayada en la puerta del bar aquella noche y que no mató a nadie. Gracias, ahora me siento un boludo.
Que casi todo lo que cuenta es pura fantasía. Y esa es mi info de primera mano. Mierda!
No soy cronista, soy escritor. El blog se llama "Qué es que sé?", y la respuesta es, claro, "Nada". Pero créame, créeme, creedme, me siento mal de haber comprado a Edy como héroe. El "Diario de un Soñador", es real, sí, le debo a Edy contagiarme de una ilusión de unos días.
Por la mañana ya está borracho y no para de hablar. Me dice que quiere venir a La Malfatta a trabajar. Me dice de sus ideas para arreglar México, el mundo.
Le digo: "A nadie vas a ayudar vos, si ni siquiera ayudás a tu hijas. Te odio Edy. Yo perdí a Juli y vos arruinás la vida que creaste. Te odio".
Adiós Edy. No te deseo la muerte. Seguí soñando y sobreviviendo tu infierno.
lunes, 18 de julio de 2011
The boat guy.
Bahia Tortugas, fresh, sunny, small fishermen town, cooler Pacific waters, absolutely non turistic. 200 km of dusty road across the Biscayno desert. I thought I knew the desert, but this is a nothingness full of sand and salt.
At the small motel I meet Charly. He is part of a group of yankees who come here to spear fish. It is his first time to try a sport, free diving fishing with spear, which I do not dare to try still. He speaks both English and Spanish, but his Spanish is clearly Cuban. He is white, calm, seems in his late forties, good looking and very good vibes.
"I was born in Cuba in 1957. One night, when I was 6 years old, my father came and told us we were going. He didn't say where. We went to the river, where he had a small boat hidden. We stepped into it. My pregnant mother, my brother, my mother's sister and her husband, their children, my father and me. We were told to keep quiet. No moonlight, dark as hell. We rowed all night to the sea. Once far enough from the coast, my father turned on the little engine. By then, we all new: we were betting our lives to get to the States.
As time passed by, we became increasingly aware of the danger. We could loose our way, we could easily capsize, we could be found by the Cuban Navy and killed on spot. Suddenly a big cargo ship showed up. To our signals, the ship changed course and came towards us. We were shouting and crying of joy: we were saved!
At a point close enough, the ship changed course, and away it went. It was gone. My aunt's husband freaked out and started to scream that we all were going to die. My father, calmly and firmly told him to cool down or he would through him into the sea. We all realized he meant it. We all realized that we were in deep trouble too.
After a while, and literally out of the blue, a submarine came to the surface. It took us a few seconds and a lifetime to realize that the sub was American. Out of it an American-Filipino sailor who spoke Spanish came and told us that the cargo boat was a Soviet ship, that the Americans had caught their message to the Cubans about us, and that the Cubans were heading this way to kill us.
We got ready to jump onto the submarine, but the sailor said it was not possible, the submarine was not fit to rescue and have people in board. This time it was my father who lost his temper. He started screaming and begging for mercy. "We are going to be massacred! You can't leave us like this!"
The sailor just smiled. He then pointed behind us. And American destroyer was coming full steam to us. The year was 1963, just after the missile crisis. I still get the bumps every time I tell this story".
Charly and I became instant friends. He knows my story too, and as he said, "I may forget your name, but I will never forget you".
At the small motel I meet Charly. He is part of a group of yankees who come here to spear fish. It is his first time to try a sport, free diving fishing with spear, which I do not dare to try still. He speaks both English and Spanish, but his Spanish is clearly Cuban. He is white, calm, seems in his late forties, good looking and very good vibes.
"I was born in Cuba in 1957. One night, when I was 6 years old, my father came and told us we were going. He didn't say where. We went to the river, where he had a small boat hidden. We stepped into it. My pregnant mother, my brother, my mother's sister and her husband, their children, my father and me. We were told to keep quiet. No moonlight, dark as hell. We rowed all night to the sea. Once far enough from the coast, my father turned on the little engine. By then, we all new: we were betting our lives to get to the States.
As time passed by, we became increasingly aware of the danger. We could loose our way, we could easily capsize, we could be found by the Cuban Navy and killed on spot. Suddenly a big cargo ship showed up. To our signals, the ship changed course and came towards us. We were shouting and crying of joy: we were saved!
At a point close enough, the ship changed course, and away it went. It was gone. My aunt's husband freaked out and started to scream that we all were going to die. My father, calmly and firmly told him to cool down or he would through him into the sea. We all realized he meant it. We all realized that we were in deep trouble too.
After a while, and literally out of the blue, a submarine came to the surface. It took us a few seconds and a lifetime to realize that the sub was American. Out of it an American-Filipino sailor who spoke Spanish came and told us that the cargo boat was a Soviet ship, that the Americans had caught their message to the Cubans about us, and that the Cubans were heading this way to kill us.
We got ready to jump onto the submarine, but the sailor said it was not possible, the submarine was not fit to rescue and have people in board. This time it was my father who lost his temper. He started screaming and begging for mercy. "We are going to be massacred! You can't leave us like this!"
The sailor just smiled. He then pointed behind us. And American destroyer was coming full steam to us. The year was 1963, just after the missile crisis. I still get the bumps every time I tell this story".
Charly and I became instant friends. He knows my story too, and as he said, "I may forget your name, but I will never forget you".
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