jueves, 21 de julio de 2011

La Princesa y el Asesino. (Segunda parte).

Sale el sol, rituales matinales y los buenos días de Edy. Nos sentamos junto al mar a tomar mate. El durmió en la playa. A veces, cuando no soporta el calor, duerme en una colchoneta medio inflada, en el agua.
Edy fue echado de casa por su padrastro a los seis años. Su padre ya lo había abandonado antes, nunca más supo de él. Chico de la calle, drogón, dealer. Sin embargo estudió y entró en el Ejército y eso cambió su vida. Se volvió hombre de confianza de un general que lo utilizaba para limpiar malhechores. A veces, policías corruptos. Nunca mujeres ni niños. Sentís algo cuando matás? No. Conocés la historia del samurai que dedicó 10 años a buscar a un hombre para matarlo? No. Bueno, cuando lo encuentra y lo acorrala, saca su espada y en el momento final el otro lo escupe, y el samurai se pone rojo de ira, guarda la espada y se va. Sabés por qué? No. Porque un samurai no puede matar con ira. Tiene que estar calmo. Edy sonríe y asiente. Asesino es una palabra griega, me dice. Es el profesional de la muerte. Hay quien mata por pasiones, por dinero, por pura crueldad. Los asesinos venimos al mundo a matar la escoria. Somos parte de un plan. Yo recibí un balazo en la cabeza y sobreviví. También tengo otros balazos y cuchilladas. Y sigo vivo. Creo que Dios tiene planes para mí. Yo mato a los malos. Y también trabajo para que este México que quiero tanto sea mejor. Estoy organizando acciones ciudadanas directas, organizando comunas calle por calle. Ya logramos que se trate una ley para obligar a los corruptos a que gasten lo que roban aquí en México y no afuera. Y otra para que en lugar de poner a los narcos en la prisión, donde la pasan bomba con nuestro dinero, los pongamos a trabajar para la sociedad con un brazalete electrónico, no para localizarlos, sino directamente una bomba que explota cuando el preso se sale de los límites que se le fijan. También tenemos una propuesta para que la droga que se decomisa, en lugar de quemarse se venda a Suiza, a los laboratorios. Ya logré aquí en mi pueblo que se me diera la basura, y con el dinero del reciclaje instalamos cloacas para todos y salvamos al río.
Hace rato que vengo preguntándome adónde se fueron nuestros héroes. Y ante Edy, un asesino, ex-mano de obra del Estado, revolucionario de base, me inclino. El poder le teme. Incluso lo pusieron entre los más buscados por narco. Logró limpiar su nombre gracias al viejo general. Y sigue. Y no va a parar hasta que lo paren.

miércoles, 20 de julio de 2011

La Princesa y el Asesino. (Tercera parte).

El Diario de un Soñador. Así se llama el libro que está escribiendo Edy. Le pido que me lo muestre y se le encienden los ojos de niño. Trae una pila de cuadernos, hojas sueltas y hasta un rollo de varios metros, todos a pulso por él. Ahí están sus experiencias, sus sueños, sus ideas políticas. Escribe y escribe un testamento que sólo tendrá algún valor cuando lo maten. Los aztecas creen que no importa como vivas, sino como mueres. A cada muerte le corresponde un distinto paraíso, no sé de infiernos aztecas. Quizá es éste nuestro infierno. Quizá, como me dijo un rabino ortodoxo, los muertos somos nosotros. No puedo pensar en una muerte tranquila y vieja para Edy. Es un héroe, y los héroes van hacia la muerte a sabiendas y con coraje. Como lo supo Jesús, como lo dijo Martín Luther King, como más de un terrorista, como el Che, como nos dijo Julieta una semana antes de morir: "Sé que me juego la vida, pero tengo que hacer lo que tengo que hacer". Nosotros, los cobardes, hablamos, opinamos, tomamos partido. Pero quién está dispuesto a poner la vida en juego en ello? Pocos, muy pocos. Los héroes.

En medio de los escritos del soñador encuentro una carta de amor. De amor a Beti. Este hombre que habla con el corazón me llena el corazón con su amor. La noche anterior a solas Beti me dijo que se iba sola a Grecia a conseguirse un griego. Quizá sea lo mejor. Detrás de un gran hombre siempre encuentro a una gran mujer que no luce pero sostiene. A Beti sólo le interesa la noche, el alcohol, la droga y la fiesta.

Al partir, Edy me regala un buen mapa, casualidad (?) que abarca exclusivamente el área entre La Paz y Tortugas. Y un bastón tallado, creo que chino. Ahora tengo un bastón diné y uno chino. Hace mucho tiempo, los Registros Akáshicos me dijeron que fuí nativo de Norteamérica y también chino en pasadas vidas. Será que estos bastones volvieron a mí? Al partir, quiero darle algo a Edy. Algo de mi propia heroína. Veo la llamita jujeña de Juli y los dados asienten. La llama que llama. Que llama a la muerte. Esto es de Juli, te deseo Edy una buena muerte y que cuando te llame, te reciba Juli con su Gioconda sonrisa.

martes, 19 de julio de 2011

La Princesa y el Asesino. (Maldito Epílogo).

Vuelta de Bahía Tortugas a La Paz. Paro de vuelta en lo de Beti y Edy. Todo igual o parecido, pero esta vez me concentro en Beti. Y charlamos. Y escucho. Y entiendo. Y me pongo triste, triste.

Que Edy es alcohólico. Bueno, sí, lo sabía.
Que Edy es adicto al crystal meth. Ugh, feo.
Que Edy se gasta todo en eso. Y, bueno, supongo.
Que una hija de 17 acaba de parir y él ni va. Hum, esto ya me pone cabrón.
Que la otra hija perdió el año de Uni por falta de dinero, que él se gasta en vicio. Edy, la puta madre que te parió.
Que Edy encontró a Beti desmayada en la puerta del bar aquella noche y que no mató a nadie. Gracias, ahora me siento un boludo.
Que casi todo lo que cuenta es pura fantasía. Y esa es mi info de primera mano. Mierda!

No soy cronista, soy escritor. El blog se llama "Qué es que sé?", y la respuesta es, claro, "Nada". Pero créame, créeme, creedme, me siento mal de haber comprado a Edy como héroe. El "Diario de un Soñador", es real, sí, le debo a Edy contagiarme de una ilusión de unos días.

Por la mañana ya está borracho y no para de hablar. Me dice que quiere venir a La Malfatta a trabajar. Me dice de sus ideas para arreglar México, el mundo.
Le digo: "A nadie vas a ayudar vos, si ni siquiera ayudás a tu hijas. Te odio Edy. Yo perdí a Juli y vos arruinás la vida que creaste. Te odio".

Adiós Edy. No te deseo la muerte. Seguí soñando y sobreviviendo tu infierno.

lunes, 18 de julio de 2011

The boat guy.

Bahia Tortugas, fresh, sunny, small fishermen town, cooler Pacific waters, absolutely non turistic. 200 km of dusty road across the Biscayno desert. I thought I knew the desert, but this is a nothingness full of sand and salt.
At the small motel I meet Charly. He is part of a group of yankees who come here to spear fish. It is his first time to try a sport, free diving fishing with spear, which I do not dare to try still. He speaks both English and Spanish, but his Spanish is clearly Cuban. He is white, calm, seems in his late forties, good looking and very good vibes.

"I was born in Cuba in 1957. One night, when I was 6 years old, my father came and told us we were going. He didn't say where. We went to the river, where he had a small boat hidden. We stepped into it. My pregnant mother, my brother, my mother's sister and her husband, their children, my father and me. We were told to keep quiet. No moonlight, dark as hell. We rowed all night to the sea. Once far enough from the coast, my father turned on the little engine. By then, we all new: we were betting our lives to get to the States.
As time passed by, we became increasingly aware of the danger. We could loose our way, we could easily capsize, we could be found by the Cuban Navy and killed on spot. Suddenly a big cargo ship showed up. To our signals, the ship changed course and came towards us. We were shouting and crying of joy: we were saved!
At a point close enough, the ship changed course, and away it went. It was gone. My aunt's husband freaked out and started to scream that we all were going to die. My father, calmly and firmly told him to cool down or he would through him into the sea. We all realized he meant it. We all realized that we were in deep trouble too.
After a while, and literally out of the blue, a submarine came to the surface. It took us a few seconds and a lifetime to realize that the sub was American. Out of it an American-Filipino sailor who spoke Spanish came and told us that the cargo boat was a Soviet ship, that the Americans had caught their message to the Cubans about us, and that the Cubans were heading this way to kill us.
We got ready to jump onto the submarine, but the sailor said it was not possible, the submarine was not fit to rescue and have people in board. This time it was my father who lost his temper. He started screaming and begging for mercy. "We are going to be massacred! You can't leave us like this!"
The sailor just smiled. He then pointed behind us. And American destroyer was coming full steam to us. The year was 1963, just after the missile crisis. I still get the bumps every time I tell this story".

Charly and I became instant friends. He knows my story too, and as he said, "I may forget your name, but I will never forget you".

martes, 12 de julio de 2011

Puterío.

El hospedaje se llama Hotel California. Van y vienen personajes. Viajantes de México. Viajeros del mundo. Una parejita de australianos. Algunos franceses solitarios. Un charlatán de Quebec que se dedica a buscar espectáculos porno en extremo y en vivo. Mis amigos rusitos que conocí en el hostel de Phoenix. Ella es rubia y menuda y femenina. El, morocho, hosco y con rasgos mongoles. Cómo pueden ser tan distintos y tan rusos los dos? Están viajando para encontrar su lugar en el mundo. El, (alguien cree todavía en casualidades?) era publicitario en JWT y ahora se dedica a escribir. Uy, un Ivancito. Pero éste se llama Evgeny. Y ella Katja.
Para confundir aún más a los locales, decimos que ella es mi novia y él mi hijo. Qué lindo cuando alguien se prende a mis fantasías.
Una noche nos cae al hotel un extraño trío. Una chica y dos tipos. Hablan francés. Pero acentos varios que no pesco. Ella es muy atractiva, veintipico, pollerita corta y escote dadivoso. Tiene soltura en el cuerpo, pasa y muestra como si no estuviéramos ahí. Se me van los ojos y yo los dejo que se diviertan.
Los otros son uno muy flaquito y un gordito muy gordito. Los tres cierran un círculo y no dejan entrar a nadie. Duermen juntos. Rampante mi curiosidad.


La segunda noche abordo. Pregunto en francés. Ella, Emi, es quebequoise, el flaquito Sebi, francés. El gordito Eli, belga. A poco me huelen los dos hombres a no tanto. Muy amanerados. Y ella? Nos quedamos charlando un rato. Mienten que se conocen del barrio y que redepente se juntaron para viajar. Los machos se van y me dejan solo con Emi sentada frente a mí. Usa pollerita negra y bombacha idem. Concentrate Ivan en lo que te cuenta! Y lo que cuenta es más interesante que el triangulito de bombacha que no deja de chiflarme.

Le pregunto con toda inocencia e inconsecuencia a qué se dedica. Por preguntar algo, bah. Por no decir "vamos a reventar la noche", o "qué lindos ojos verdes tenés" o "esa bombachita negra me mira".
"Sex worker" me dice. Se entiende? "Trabajadora del sexo". Qué forma tan anglo y politically correct de decir, a saber: slut, bitch, whore, prostitute, prostituta, puta, yiro, trola, putain, pute, putana.... (acá el lector puede completar con su propia cosecha de términos). Claro, políticamente correcto y sexualmente incorrecto. Ninguna mina que se me presente así está interesada en tener algo conmigo. Ni siquiera por oficio. Pero yo, por oficio de escritor, tengo sí interés y ya el triangulito es sólo un pedazo de tela.

Emi empezó a los 17, edad canadiense de cojer sin riesgo de violación o estupro para el cliente. "Por dinero?" Sí, sólo por el dinero que necesitaba para financiar la universidad. Como escort. Al poco tiempo tenía su propia agencia de escorts. Pero al cabo vendió su cartera de clientes para dedicarse con más tiempo a su trabajo en Stella. "Qué es Stella?" Una ong que se dedica a velar por los intereses de los trabajadores del sexo. Emi es la Directora General. Stella recibe dinero del gobierno federal para sus actividades. Una de las cuales es lobbying para legalizar la prostitución en Canadá. O sea que el gobierno financia una organización de actividades ilegales. Eso es típico de la herencia sajona de Canadá.

Miro bien a Emi. Puta qué energía tiene. No me gusta, aunque es bella. Pero tiene un rictus serio, las cejas depiladas en diagonal al entrecejo, que le dan un aire de enojo. Le fue muy bien como dominatrix, claro. Al final de la noche descubro que también Sebi y Eli están en actividades parecidas. Cuesta creerlo. El gordito y el flaquito están más como para pagar que cobrar.
"Te enamoraste de algún cliente?", pregunta obvia y pelotuda, pero bueno, mi tema al cabo es el amor. Tuvo un sugar daddy por siete años hasta que la esposa echó todo a perder. Y estuvo casada nueve meses...
"Y tu familia?" La hermana es colega. El papá es alcohólico pero buen tipo. Sabe lo de ellas y les hace pata. De la mamá no habla.

Me voy a dormir pensando:
"Podría tener sexo con ella?"
"Me cobraría o pudiera ser que ella tuviera onda (en mis sueños, ja!) conmigo?"
"Podría ser yo su nuevo sugar daddy? Cuánto costará?"
"No puedo seguir diciendo "sex worker". Me siento hipócrita".

A la mañana le hago café y le digo eso, que no puedo llamar sex worker a su oficio. Soy escritor y eso suena horrible. Ella comprende, como comprendo yo que las otras denominaciones son insultos.
"Sabés? En la Argentina tenemos un nombre que no es insulto. Gato".
Le gusta. El gato Emi. Emi le chat. Oui, oui, je l'aime.
Lllevo al trío a la playa de Balandra. Emi se sienta adelante, buena señal, pero delante de sus camaradas se comporta indiferente. Los dejo en la playa y ella me tira unos gratos besos voladores.
A la tarde los sorprendo y los voy a buscar. Vamos cerca a comer algo. Trato de no enroscarme con Emi. Entonces Sebi empieza a creer que la cosa es con él. A propósito, me doy cuenta de que Sebi sí debe ser un sex worker, casi más bulto que slip.  El gordito Eli está en otra y es francamente desagradable. No me dejan pagar el almuerzo y me invitan a cenar a la noche.
La cena estuvo bien, salvo los ataques de cariño de Sebi hacía mí. Es un tipo muy educado, interesante y yo le demuestro respeto y trato cordial que él se toma para el churrete. Qué se le va a hacer.

Al otro día nos despedimos. Quedamos en encontrarnos a acampar en Cabo Pulmo el finde, pero yo sé que no voy a ir. Mis probabilidades con Emi son bajas, y con Sebi vienen creciendo al punto de incomodarme. Esa noche googleo a Emi. Es una celebridad en Canadá. La fama, el sexo y el dinero. Habrá trío más lejano a mi espíritu?

viernes, 1 de julio de 2011

Mitsubishic.

La Mitsubishi L200 blanca, para no llamar la atención de los paisanos. Si todos tienen pickups blancas, entonces este porteño la tiene blanca nomás. Aunque siempre elegí autos rojos. Pero el rojo llama la atención de los toros, y de los paisanos.
Los ataúdes de los niños son blancos. Porque mueren puros, vírgenes, limpios de vida. La Mitsubishi blanca casi se vuelve un ataúd. Mi ataúd. Y yo hubiera muerto como un niño, virgen del dolor y el amor y todo todo lo que me dejó la muerte de Juli. Y su vida. El 7 de abril del 2000 yo no morí porque no me tocaba. Juli tenía añitos y yo una vida ignorante de la vida. Y de la muerte.
Intenté cruzar un vado, el motor se clavó y la correntada me tiró a un río. Un alambrado trabó la camioneta y por efecto de la correntada la trabó contra el fondo. Yo dentro de la cabina, el agua subía y pasaban los minutos. Ventanas cerradas y levantavidrios inútil y eléctrico. Golpeé con un trabavolantes los vidrios, pero la presión del agua convertía al vidrio en acero. Golpeé con mi cabeza. Ahora sé lo que se siente ser moscacucaracharata. Y el agua subía. Y lo único que podía pensar era "cómo me voy a morir de forma tan boluda".
El alambrado cedió y zafó la camioneta, que alcanzó a flotar. Pateé la puerta y salté al agua y nadé como pude y llegué a la orilla y miré la camioneta que se llevaba la correntada y dejé los cigarrillos ahí y, ¡mierda!, qué gran momento para un pucho.

El del seguro por teléfono me dice que me dan una camioneta nueva. "¿Qué color?', me pregunta."Blanca", digo, sin pensar, pero la llamada se corta.
"No escuché. ¿Qué color?" de nuevo me llama.  "Blanca", vuelvo a decir, pero de nuevo se corta.
"¡Dígame rápido el color!", insiste. Y yo... "¡Roja! ¡La quiero roja!' Esta vez no se corta.

2009. Vancouver. Rainy Vancouver. Busco 4x4 digna de mí. De mi viaje panamericano. Mitsubishi Pajero es mi elección, diesel, vieja, manual, pocos km. Otra vez tengo dos opciones. Un modelo Super Special roja, y una más standard blanca. Voy a ver la roja. Es demasiado. Es una edición especial para super fanas del off-road. Yo no necesito tanto. Me decido a ir el próximo día por la blanca. Pero el próximo día una pierna me duele tanto, de nada, por nada, que no puedo levantarme. ¿Será que...?
Decido, si la pierna me deja, ir a echarle otra mirada a la roja el día siguiente. La pierna amanece sin dolor.
Esta vez la manejo yo. Es menos indócil de lo que creía. Se fabricaron sólo 750 de éllas. Y ésta es la número 627. Mi número, el 627, desde mis trece años, el 627. No es mi número de la suerte. Es el número de mi destino, de mi amor y de la señal que espero.  "¿Tiene nombre?", le pregunto a Lou, el dueño. "Sí, yo le puse Julia".
No necesito más. La Julia. Mi Julia. Nuestra Julia. Roja, el color del fuego, el color del Fénix. Y de los iniciados.

jueves, 30 de junio de 2011

Ya se fué el tiburón.

Salimos con Guillermo a la bahía. Las montañas son pura roca roja, gris, amarilla. Hay senderos por donde antes se traía el oro y el cobre de las minas. Hay una casa encajada con la piedra de la montaña donde hace no sé cuántos años no sé qué francés hacía no se qué. No sé si se rajó o lo mató la revolución de no sé qué líder mexicano. Guillermo me explica todo esto y yo sólo pienso tiburontiburontiburón.
¡Bah! También pienso cómo carajo voy a hacer después de tirarme al agua para subir de vuelta al bote con una sola pierna aprobada como tal. Eso si llego alguna vez a tirarme. Eso si llego alguna vez a volver al bote.
Total, que por ahí no aparece ningún tiburón y listo, se acabaron mis problemas. Igual me hago el canchero y me pongo el equipo de snorkel. Creo que hace 6 años que no lo uso.
Yo soy el primero que lo divisa. Es chiquito, 5 ó 6 metros. Los tiburones ballena que vienen a la Bahía de los Angeles son adolescentes. Un tiburón ballena adulto puede llegar a medir 20 metros. Este es chiquito las pelotas. 6 metros de tiburón son muchos metros. Me siento en la borda y Guillermo arrima el bote. El me va a decir cuándo. ¿Estoy por tirarme de espaldas sobre un tiburón? Wako, patso, loco, fou. El tiburón está debajo mío. Mide dos veces el botecito, que lleva a Guillermito con Ivancito. ¿Qué querés? Al lado de la bestia hasta las montañas parecen decorado de trencito Marklin.
La orden no llega. El tiburón nunca deja de estar debajo de donde me voy a tirar, hasta que desaparece en la profundidad. Vamos por otro. Los latidos de mi cuore no amainan porque ahora vi que se mueven rápido y que sacuden como matamoscas esa colita de apenas 3 metros.
Aparece un segundo. Esta vez hay lugar para tirarse. Me tiro. Guillermo me hace señas hacia dónde ir. Lo veo por encima de la superficie. Veo la aleta dorsal y otra que tiene en la cola que se mueve de aquí para allá. Pero bajo el agua no lo veo. Me aproximo, con más cagazo que ganas. Pero no lo veo. Al final desaparece. Nada.
Subir al bote, cansado, emocionado, cagado en las patas (de rana),  es mi nueva proeza. Guillermo improvisa un escalón con una soga donde pongo la pata buena. Con una mano me agarro de un parante en la borda y arriba la pata mala. Ya estoy desparramado adentro del bote. Qué estilo... penoso.
Vamos por otro. Allá está. Este es un chiquito de los grandes. 8-9 metros. Me tiro de nuevo. Me aproximo. Lo veo desde la superficie, no lo veo debajo. Me aproximo como un patito. Lo veo desde arriba. No lo veo de abajo. ¿Cómo puede ser? ¡Qué visibilidad de mierda hay acá! Creo que estoy a menos de 2 metros. Me asomo por arriba y ya no está. ¡Puta! Meto la cabeza bajo el agua y me digo: "¡Qué cerca que está el fondo!" Pero el fondo tiene lunares claros y se mueve. Abajo mío es todo fondo, todo tiburón. Está pasando debajo mío, casi rozándome. No termina nunca de pasar. Todo mi campo visual es tiburón. Pego un grito que sale por el tubo del snorkel. Cuando me asomo a la superficie, veo que Quillermo no puede más de la risa.

Ya de vuelta en el bote Guillermo me pregunta si quiero ver otro. Ni en pedo. Todavía tiemblo. Pero estoy contento. Un sueño más que ya no es sueño. Y pude.
 Pude.

domingo, 26 de junio de 2011

Un día en la vida de Ivan Ivanovich.




PHOBOS.


San Felipe. Baja California. México. Me despierto en San Felipe, Baja California, México! Y volver, volver, vooooollllveeeeerrrr....! Te das cuenta? Me doy cuenta? Hace un año estaba en terapia intensiva, con más ganas de dar por finalizados mis días que de otra cosa. Estaba en un túnel sin luz y sin salida. Ahora me despierta el sol de México, todo sol, todo cielo, ni una nube. I can see clearly now, the rain is gone...

Matecito, rituales matinales y a partir. San Felipe es un pueblo, ciudad chica diría, bien mexicano pero todavía con rastros de turismo gringo. Mi objetivo es La Paz, capital de Baja California Sur, todavía muy lejos. Quiero bordear y explorar la costa del mar de Cortés. Según el viejo mapa y mi memoria, de aquí en más es todo camino de terracería, o sea camino de piedra. No es ripio como nosotros lo conocemos, hay rocas y piedras puntiagudas.  La Julia ya se relame. La pobre ya se tuvo que bancar 7000 km de pavimento. Creo que por eso se mufó y se rompió en Flagstaff.
Tomo el camino y sorpresa. Está pavimentado. Y bueh, por un lado más rápido. Por el otro, no sea que La Julia se me enoje otra vez. Y no siempre el progreso es bienvenido. Siginifica más ricos construyendo y contaminando todo.
La ruta sigue la costa hasta Puertecitos. 90 km. 130 habitantes. Una estación Pemex que no tiene diesel. Igual tengo tanque lleno, pero nunca se sabe. También tengo 10 litros de agua. Nunca se sabe. El calor empieza a trepar y el aire acondicionado de la Julia anda flojo, apenas alcanza para ventilarme los pies.
En Puertecitos el encargado de la Pemex me dice que el camino sigue asfaltado hasta la ruta 1, la que me llevará a La Paz. Sigo viaje. De pronto, un corte por obras. Desvío. Desvío? Nunca más vi asfalto. El camino se vuelve un camino escarpado y poceado y piedrado en el que apenas puedo andar a 30 km/h. Ya había desinflado las gomas de La Julia, pero igual salta como una rana. Me cruzo en el camino con obreros trabajando en la pavimentación y uno que otro auto. Mucho calor. Al cabo de dos horas pacientes, llego a un lugar en una playa donde puedo comer algo para seguir. Pregunto cuánto más falta para el pavimento. 45 minutos. Si, 45 las pelotas!
El camino se hace cada vez más complicado, montañoso y lento y polvoriento. Ya no viene nadie por ahí. Me pregunto si me lleva a un lugar final y si tendré que desandar todo esto. Hace más de 40 grados y me derrito.
El miedo no es zonzo, casi siempre es más vivo que uno y por eso somos sus esclavos. El miedo me dice que La Julia se puede romper otra vez, si no el embrague emparchado en Flagstaff, las correas que hace muchas semanas que chillan pidiendo recambio. Ves? Qué inteligente es mi miedo, no? Me concentro en lo real. La Julia anda. El calor es real, pero tengo y tomo mucha agua. Las montañas rojas son hermosas y de vez en cuando se abren para mostrarme playas desiertas y celestes y mar desierto y azul. Puedo morirme aquí, si, pero eso quiere decir que estoy vivo.


PACQUA.


Recapitulemos. Check list. Agua tengo. Gasoil tengo. Comida un joraca, pero hambre tampoco. Igual con este lorca no me como ni las eses. La Julia anda bien, aunque un  poco de aire acondicionado no vendría mal. Todavía tengo hielo en el termo, con agua fresquita que me tiro más en la cabeza que en la boca. Acá adentro deben hacer 45 por lo memos. Hace horas que no me cruzo con nadie. En cualquier momento encuentro una Mitsubishi parada con un esqueleto adentro...
Macana. Lo que sí hay de a cientos son cadáveres de neumáticos. Este camino está hecho de rocas y piedras de puro filo. Si reviento una goma, ja, todavía no practiqué un cambio de neumático con pierna y media. Y si se rompe alguna de las correas que están chirriando desde hace 1000 km? Y si el embrague trucho que puse en Flagstaff me hace otra broma? Y si... Basta! No digo? El miedo no es zonzo. Bah, total, tengo la bici. Será cuestión de seguir pedaleando nomás.
En medio de este ajeatreado andar aparece una gran roca pintada de verde. Es una rana. Es Paqua, mi espíritu, mi guía. Me invade la tranquilidad. La rana me sonríe. Yo le sonrío. A pocos metros un mojón indica 15 km. Luego 14. Me estoy acercando a algo. En media hora lo sabré.


ROCCO.


Los mojones pasan como tortugas. Qué habrá en el kilómetro cero? El pavimento? Una estación de servicio? Un dead end?
No, está Rocco's Corner. Es un rancho, un parador en el medio de la nada. Paro y me recibe un viejo. Usted es Rocco? No, Rocco se fué a Guerrero Negro a recortar y pulir los huesos de las piernas. El viejo me muestra fotos de Rocco. Fotos de antes, cuando tenía piernas completas y medía 1,90. Fotos recientes, depués que le cortaran las piernas hasta debajo de las rodillas. Está en un hospital porque se le gastan las rodillas. Porque Rocco camina de rodillas...
Bajo la sombra de un techito tomamos una cerveza con el viejo. Hay fotos pegadas por todos lados. Rocco con cientos de visitantes. La mayoría con mujeres. Rocco de rodillas casi siempre queda a la altura de las tetas de sus visitantes. El siempre aparece con los ojos muy abiertos y sacando una lasciva lengua. En el techo hay colgados cientos de los trofeos que Rocco colecciona: bombachas de mujeres. En una pared hay una bombacha gigante, como para una vaca.
Le pregunto al viejo dónde estoy. Hay una mapa de Baja California. "Acá", me dice. Si, señores y señoritas, Rocco's Corner está en el mapa! Termino mi cerveza, le convido un cigarrillo al viejo y le pregunto cómo llegar al pavimento. 15 millas más de terracería. Y bueh, por lo menos ahora sé que me lleva a algún lado. El viejo me aconseja que vaya a Bahía de los Angeles. Es un desvío de 70 km de ida y 70 de vuelta. No sé si me alcanzará el diesel. No sé si habrá diesel allí, pero el viejo me dijo y el nombre me gusta. Bahía de los Angeles. Allá voy.
Mientras manejo pienso en Rocco. Qué se sentirá andar de rodillas en la vida? Y pasar de un metro noventa a un metro cincuenta? Y yo, tengo algún derecho a quejarme de mi renguera? Mi pierna izquierda anda mal, pero está y anda.


SELENE.


La entrada a Bahía de los Angeles es soñada. Después de subir los cerros, desde la cima y bajando se ve toda la bahía, azul como el sueño, rodeada de rojas montañas como anillo de fuego. And it burns, burns, burns, the ring of fire, the ring of fire. Y quema nomás, la pucha. Qué calor! Es un pueblito de unas 15 cuadras de largo y un par de ancho. Bordea al mar. Bajo a la playa y me tiro al agua. Fresca, azul, transparente. Mi primer contacto con el mar en tres años.
Un cartel en la playa recomienda cuidado al nadar con tiburones... ballena! Uno de mis sueños. Nadar con un tiburón ballena. Me como unos tacos y salgo a buscar hotel y quien me lleve al otro día a los tiburones. No hay casi turistas, pero los precios son para gringos y lejos de mi presupuesto. Tampoco consigo alguien con bote.
 Hay un parking enorme frente a la playa, al lado de un puesto de Prefectura. Me acerco y averiguo que puedo pasar la noche allí, frente a la Bahía, con todo el mar y las montañas de mi propiedad. Un hombre mayor, que no es milico y vive ahí nomás, me dice que sí. Se llama Guillermo.
 Aparco mi carro nomás, y preparo a La Julia como coche cama. Me da cosa dormir con las ventanas abiertas pero, ah!, tengo techito corredizo, jeje. Se hace la noche y poco a poco aparecen las estrellas. Miles y miles. Unas nubes que se aproximan desde el este resultan ser... nubes de estrellas. Tan hermosas. Pongo música y, cuándo no, i-tunes me sincroniza Coldplay: "look at the stars, how they shine for you..." No puedo parar de llorar.
La canción me lleva a una epifanía que tuve en Mar Azul. Fuí a la playa de noche, sin luna, y ví lo contínuo del mundo, no había línea entre arena, mar y cielo. Y lloré mi dolor y el viento me abrazó y me sostuvo. Y una luz dorada detrás mío iluminó la arena pero al darme vuelta no había nada que la produjera. Y miré la arena bajo mis pies y sólo vi estrellas. Y mirando hacia abajo las estrellas me dí cuenta qué siente la dios. Y todo todo brillaba para mí. And it's all yellow.


Estoy listo para pasar la noche en La Julia, pero son sólo las diez y tengo hambre. Manejo hasta lo único abierto y me trago un par de panchos. Vuelvo a la playa. Prendo la música y ahora es Maná que canta: "Ahí viene la luna..." No! No puede ser! Pero sí. Una claridad frente a mí se vuelve una luna que ya está toda ahí antes de que Maná termine su anuncio. No puedo parar de llorar.
La luna hace un reflejo en el mar que es un triángulo que se ensancha hacia mí como la pollera de una maja. Y la pollera danza con las aguas y la luna es una mujer, es Juli, es la dios, que danzan para mí. Y Maná y Juan Luis Guerra cantan : "Bendita la luz de tu mirada..." Y no puedo parar de llorar.
Me acuesto en La Julia y me duermo con la luna y las estrellas y el mar y las montañas y el viento. Viento que empieza violento a sacudir el auto y lo mueve de un lado a otro y me hamaca y me duermo y todo está bien, así sea la última vez que cierro los ojos.






A la mañana me despierta el sol. Me bajo de La Julia y aparece Guillermo para ver si estoy bien. "Sí, gracias. Ah, sabe quién me puede llevar a nadar con tiburones ballena?"
"Sí, claro, yo. Podemos salir a las diez".
Qué emoción! Qué casualidad! Casualidad? Prendo la música y, sí... Maná canta: "Soy, el rey de la mar, tiburón..."
Y yo no puedo parar de reir.





miércoles, 22 de junio de 2011

The death of Phoenix.

Three years ago I had the worst of times in the Phoenix Hostel. The owner behaved like a nazi camp commander, rules everywhere, ordered you to shower on arrival, prohibited smoking in open places, but suddenly would change the rule, etc. She confessed she hated men and hadn't had sex for ten years. And then she seemed to like me. It is difficult to know how to behave when a shark smiles at you...
This time the hundreds of prohibition signs are gone. I asked a girl who showed up the second day if she work there. She said, "I am the owner". Mary. The daughter of the woman I met here three years ago. On my second day, Mary asks me if I can do the barbecue. I do. Argentinian style. Charcoal and wood. She agrees. I buy the meat and she the salads and the wine. Argentinian style. The asado is a success. I get cheers from my ten guests (no "un aplauso para el asador" though).
From then on, they refuse to charge me for my stay. Do you get it? No charge! I do for them ceviche. Big success again. I bake bread. I feel that I can do again what I like most, sharing. Mary says to me that I am the kind of guests that brings good vibes to the place. The vibes hated by Lisa in Flagstaff are welcome here in Phoenix. Oh, well. You see? I was weary about coming back to Phoenix and now sad to leave. Phoenix was dead. Now it's alive in my heart. That's what Phoenixes do, right?